Son pequeños robots autómatas que practican el típico combate sumo. En el país ya se realizan competencias de este tipo y la actividad viene en crecimiento.
Velocidad, potencia, inteligencia y diseño. No, no es el Auto Fantástico, se trata de un robot sumo, una máquina mecánica y eléctrica totalmente autónoma, cuya finalidad es competir con otros de su “especie” en un combate al estilo oriental.
Las competencias de robótica en esta modalidad se llevan a cabo en Argentina desde 2003, cuando a un grupo de alumnos de Ingeniería Eléctrica de la UTN de Bahía Blanca se les ocurrió construir sus propios robots y participar en los denominados combates sumo, en los que no compiten luchadores regordetes de origen japonés, sino los propios robots.
La popularidad de este fenómeno se extendió a lo largo y ancho del país, ya se realizan varias competencias por año, siendo la de Bahía Blanca la de mayor importancia, por su elevado número de competidores. La cantidad de participaciones anuales ha ido en constante aumento, pasó de cuatro robots en 2003 a noventa en 2008.
El combate entre los dos oponentes es idéntico al verdadero con luchadores. La pelea se realiza en un tatami (ring circular) y los competidores deben desplazar a su contrincante fuera del círculo. El que lo logra gana.
Los robots no pesan más de 3 kilos, tope máximo acorde al reglamento, y sus medidas deben ser de 20 por 20 centímetros, sin límites de altura. Generalmente son impulsados por ruedas, y algunos emplean una especie de pala para levantar y desplazar al oponente.
Los robots se mueven gracias a un motor eléctrico. Cuantos más tengan (siempre y cuando respete el peso reglamentado), más potencia tendrán a favor. El conjunto que representa la inteligencia artificial está a cargo del microcontrolador y los sensores. En el primero permanecen almacenados todos los movimientos y “decisiones” que puede efectuar el robot. Estas tareas se realizan con la ayuda de dos tipos de sensores: uno que localiza al contrincante, y otro que detecta el borde del tatami, para frenarse automáticamente al acercarse a este.
Gabriel Raimondo, profesor del área técnica del Instituto La Salle Florida, está a cargo del grupo de alumnos que trabaja en la confección de los robots. “El año pasado gastamos 3.000 pesos en cada uno, hicimos dos. Lo que pasa es que hay muchas piezas que acá no se consiguen, y tenemos que importar. De todas formas reutilizamos partes de otros robots que ya no sirven”, aseguró.
Existen dos categorías dentro de la competencia: de Educación Media o Polimodal, y libre. En la primera, los participantes son alumnos de colegios, entre ellos, la Escuela Técnica Raggio, Instituto Juan Segundo Fernández, Instituto La Salle Florida, República Francesa y ORT de Almagro y Belgrano. La categoría libre es para cualquier persona que no esté en etapa escolar. En esta última suelen competir universitarios e ingenieros.
Andrés Mac Loughlin es ex alumno del La Salle Florida, colegio al que representó en las competencias de robótica de 2006 y 2007. También participó en la categoría libre en 2008, y planea hacerlo este año otra vez. “Todas las competencias se realizan en carácter nacional, por lo cual no hay etapas de clasificación. La disposición de las peleas se hace como si fuese un mundial, primero en grupos, acumulando puntos, y luego por eliminación(octavos de final, cuartos, semi, etcétera)”, explicó.
De ficción a ciencia
La robótica como ciencia tiene algunos fundamentos basados en obras literarias. Autores de ciencia ficción como Isaac Asimov y Karel Čapek han aportado importantes ideas para el desarrollo de la robótica durante el siglo XX.
De hecho, el término robot fue utilizado por primera vez por el escritor checo Karel Čapek, en 1921, en la obra teatral “Rossum's Universal Robots”. La palabra robot es una traducción inglesa de robota, de origen checo, que significa servidumbre o trabajo forzado. En la obra, los robots tienen un parecido a los humanos y piensan por sí mismos, y su función es obedecerlos y ayudarlos.
Isaac Asimov, considerado en vida como uno de los padres de la ciencia ficción, introdujo el término robótica, en su libro de cuentos “Yo, Robot”, publicado en 1950. Descripta como la ciencia que estudia a los robots, posee tres leyes fundamentales: 1- Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la primera ley. 3- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la segunda ley.
Demostrado entonces, otro ejemplo de que la creación e imaginación se aplican a hechos de la vida, en este caso a la ciencia.
martes, 7 de septiembre de 2010
Combate a escala
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Bueno, mil veces esto y no la riña de gallos, en buenahora! jajajaj
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